Lottusse durante los más convulsos años del siglo XX (1918-1945)

Lottusse durante la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial

El siglo XX es, sin duda alguna, una de las centurias más conflictivas y problemáticas de la Edad Contemporánea. Guerras mundiales, guerras civiles y cracks bursátiles fueron sólo algunas de las crisis que azotaron el siglo. Todas estas convulsiones marcaron profundamente las sociedades de tal manera que el mundo de hoy en día es heredero de los efectos, traumas y heridas causadospor estos conflictos. En este artículo te relatamos cómo afrontó Lottusse las problemáticas décadas precedentes al final de la Segunda Guerra Mundial.

El periodo de entreguerras (1918-1939)

El siglo XX, de hecho, no se presentó con buenos auspicios: apenas década y media después de iniciarse ya se veía envuelto en una conflagración mundial. Como te comentábamos en nuestro artículo sobre Lottusse durante la Primera Guerra Mundial, capear este conflicto no fue fácil. Pero con unidad, esfuerzo y compromiso no sólo se consiguió superarla sino salir de ella con muy buenas perspectivas económicas (sobre los años inmediatamente posteriores a laPrimera Guerra Mundial puedes saber más en nuestro artículo sobre Francisca Aina Fluxá, una mujer al frente de Lottusse).

Y es que Lottusse consiguió subirse al tren de la prosperidad que siguió al conflicto. Un auge económico que, aunque parcial y no extensible a todos los países, consolidó todavía más a la empresa. En este sentido, no hay que olvidar que España, a causa de su neutralidad en la guerra, no sufrió la misma crisis económica de las naciones contendientes; un impacto económico que, como en el caso de Alemania, fue profundísimo y, en buena medida, causante de la Segunda Guerra Mundial que estaba por venir.

Eran los felices años 20. La época del charlestón, de la revolución en la moda femenina, de las vanguardias artísticas y de una incipiente revolución sexual. Todo ello fue bruscamente cortado con el crack bursátil de 1929. Una crisis que tuvo lugar en Estados Unidos pero que muy rápido afectó a todo el mundo, especialmente a Europa, cuyas sombrías perspectivas económicas serían el caldo de cultivo de los totalitarismos que pocos años más tarde traerían la guerra.

Un año antes de este acontecimiento se produce el inicio de uno de los liderazgos más decisivos en la historia de Lottusse: la dirección de Lorenzo Fluxá. El hijo de Mestre Antoni fue meticulosamente formado para que pudiera asumir la dirección de una empresa que ya era mucho más que un taller de zapatos artesanales. Un conocimiento que permitió a Lorenzo Fluxá implantar en Lottusse una incipiente racionalización del trabajo, más acorde con los nuevos tiempos. Sería sólo una de sus decisivas aportaciones.

Eran días de vino y rosas. Lottusse incrementaba el número de trabajadores contando en algunos talleres con plantillas de hasta cincuenta personas. Este ciclo de prosperidad fue coronado en 1929 cuando Lottusse recibió la Medalla de Oro de la Exposición Universal de 1929, celebrada en Barcelona.  Una auténtica puesta de largo internacional de Lottusse que, pese al crack de ese mismo año, Lorenzo Fluxá consolidó esforzadamente.

Para hacerlo realidad, Lorenzo Fluxá emprendió entre 1932 y 1936 una ronda de viajes al extranjero, especialmente en Reino Unido, donde se empapó de las últimas innovaciones en materia tecnológica y de organización empresarial. Algo muy similar a lo que ya llevó a cabo su padre, Mestre Antoni, a finales del siglo XIX. Y es que para Lorenzo la figura de su padre era fundamental, teniéndolo en todo momento como guía de lo que había que hacer.

El año 1935 es una fecha particularmente importante en la historia de la empresa, dado que es el año en que cambia su nombre (hasta entonces Lorenzo Fluxá) por el de Lottusse. Un giro que buscaba imprimir en la marca una orientación más internacional y moderna. Una visión muy similar al concepto de marketing que definiría el mundo de la comunicación empresarial en las siguientes décadas y que consiguió situar a los zapatos de hombre y los zapatos de mujer de Lottusse como un producto en el ámbito de la excelencia en el calzado.

Un año después de este hito estalla uno de los conflictos más dramáticos de la Historia de España: la Guerra Civil. Un conflicto fratricida de tres años caracterizado por su crudeza y nuevos y traumáticos acontecimientos militares hasta entonces nunca vistos (como los bombardeos sobre población civil). No cabe duda que la Guerra Civil habría de impactar gravemente en la vida de Lottusse.

Los efectos de la contienda fueron enormes. La dificultad de las conexiones con la Península, el estricto control militar y sindical de las empresas, la escasa liquidez de los bancos, los problemas de provisión de materias primas, así como el reclutamiento forzoso los jóvenes trabajadores, fueron problemas que empujaron de nuevo a Lottusse a una respuesta decidida.

De nuevo, gracias a la aprendido durante la Primera Guerra Mundial, las mujeres sustituyeron a los varones reclutados. Asimismo, para asegurar la integridad de las materias primas y la expedición de pedidos se construyó un refugio antiaéreo en la entrada de la fábrica. Con estas medidas, además de con el esfuerzo y el sacrificio de todos, Lottusse consiguió sobrevivir al trauma de la Guerra Civil.

Lottusse durante la postguerra española y la Segunda Guerra Mundial

Sin embargo, la España que dejaba la contienda era de una profunda miseria. Y lo peor en términos materiales acababa de llegar: la dura postguerra. Una época de hambre y carestía que, para colmo de males, se enlazó con la Segunda Guerra Mundial. La violencia se adueñaba de Europa y el mundo, trayendo consigo un escenario internacional determinado también por la destrucción y la escasez.

Lottusse tuvo que afrontar una segunda ola de dificultades que sorteó implantando medidas que volvían la mirada a las ideas fundacionales de la empresa. Lorenzo Fluxá, de nuevo, volvió a inspirarse en la figura de su padre, que siempre concibió Lottusse como una gran familia. Para ello, Lorenzo Fluxá diseñó respuestas para paliar las estrecheces que afectaban gravemente a sus empleados.

Entre otras muchas acciones, se construyó un pequeño molino dentro de la fábrica para asegurar el aprovisionamiento de harina a los trabajadores. Una provisión de productos de primera necesidad que también incluía el aceite. Y para velar por la salud de los trabajadores, Lorenzo Fluxá mandó instalar un dispensario médico totalmente equipado que incluso contaba con Rayos X. El director de Lottusse también se preocupó personalmente de que la paga semanal de los trabajadores fuera efectuada puntualmente, dados los enormes problemas de liquidez de los bancos en aquel entonces.

Todas estas decisiones ayudaron a paliar los efectos terribles de una época muy prolongada y dura que dio forma el mundo hoy tal y como lo conocemos. La larga existencia de Lottusse, fundada en 1877, le permitió estar preparada para abordar los enormes problemas derivados de conflictos bélicos y desastres económicos de tal calado. Crisis a menudo nuevas e inéditas a las que se hizo frente con decisiones igualmente nuevas, aunque nunca sin perder los valores rectores en la empresa desde su misma fundación. El lidiar con etapas tan duras, en suma, implantó un particular talante en Lottusse.

Una actitud que puede ser resumida en la frase que a Lorenzo Fluxá le gustaba repetir a menudo: “calma, tacto y paciencia”. Una sentencia que, pese a ser pronunciada hace décadas, sigue siendo actual y que a día de hoy, ya sea en tiempos difíciles y de bonanza, nos recuerda quienes somos.